22.5.26

Tupac Amaru

En 1781, Túpac Amaru fue descuartizado, a golpes de hacha, en el centro de la Plaza de Armas del Cuzco.

Dos siglos después, un niño descalzo lustraba zapatos en ese exacto lugar, cuando un turista le peguntó si conocía a Túpac Amaru.

 Y el pequeño lustrabotas, sin alzar la cabeza, dijo que sí lo conocía. 

Casi en secreto, mientras hacía su trabajo, murmuró:

-Viento es."

EDUARDO  GALEANO.

7.5.26

La llamada comunidad internacional, ¿existe?


"La llamada comunidad internacional, ¿existe? 

¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? 

¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

 Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más.

 Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las

 declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada

 impunidad.

 Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

 La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, 

derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra 

esta jugada maestra. 

Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea,

 pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos,

 que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas.

 Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena. "


EDUARDO   GALEANO.

22-11-2012 

6.5.26

La casa de las palabras por Joan Manuel Serrat.

“Recordar: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.” Así, con esta definición, abre Eduardo Galeano El libro de  los abrazos, para mí la más entrañable de sus obras, pues fue a partir de algunos de los textos  de este libro que colaboramos por primera y única  vez en un par de canciones: “La mala racha”  y “Secreta  mujer”. Las historias, imágenes y abrazos que discurren por sus páginas pasaron muchas veces por  mi corazón, de modo que no es extraño que, en este pequeño ejercicio de memoria alrededor del amigo, los recuerdos en desorden acudan a la cita y, hablando de él, sin querer esté también hablando de mí.

La última vez que nos vimos fue a finales de febrero, apenas mes y medio antes  de su muerte, la tarde que, como  cada vez que llegaba a Montevideo, fui a visitarle a su casa de la calle Dalmiro Costa.

Parado frente a la verja, mientras esperaba que  me abrieran, se me vino a la cabeza  la imagen del Morgan saliendo a mi encuentro, meneando su larga y lanuda cola,  precediendo a su propietario  y compañero. El Morgan, aquel setter hermoso y dulce con el que Helena y Eduardo paseaban los atardeceres de  las playas de Malvin y al que, como  un  mal  presagio, también consumió el dragón del mal.