8.6.26

" Todos tenemos algún vidrio roto en el alma..." Reportaje.

 

Todos tenemos algún vidrio roto en el alma, que lastima y hace sangrar,

 aunque sea un poquito

 Entonces, al escribir, siento que puedo sacar un poco de esos vidrios

 fuera de mí.

 Al ponerlos en un papel, ya no me dañan. 

Ya no me hacen la vida imposible, sino que la multiplican,

 porque me permiten entenderme mejor con los demás.

 Porque cada uno tiene sus vidriecitos que duelen [sonríe un poco]. 

Creo que la literatura es comunicación o no es nada.

 No escribo para mí, escribo para comunicarme con otros,

 para llegar a otros que van a ser mis amigos, 

aunque no los conozca todavía.


EDUARDO   GALEANO.

- Entrevista- 

4.6.26

" Celebración de la desconfianza"

 

El primer día de clases, el profesor trajo un frasco enorme:

Esto está lleno de perfume ─dijo a Miguel Brun y a los demás alumnos─. 

Quiero medir la percepción de cada uno de ustedes.

 A medida que vayan sintiendo el olor, levanten la mano.

Y destapó el frasco. Al ratito nomás, ya había dos manos levantadas, y luego cinco,

 diez, treinta, todas las manos levantadas.

¿Me permite abrir la ventana, profesor? ─suplicó una alumna, 

mareada de tanto olor a perfume, y varias voces le hicieron eco.

 El fuerte aroma, que pesaba en el aire, ya se había hecho insoportable para todos.

Entonces el profesor mostró el frasco a los alumnos, uno por uno.

 El frasco estaba lleno de agua.

Eduardo Galeano

De:" El libro de los abrazos"

3.6.26

1935, Buenos Aires: Alfonsina

 


A la mujer que piensa se le secan los ovarios. Nace mujer para producir leche y lágrimas, no ideas; y no para vivir la vida sino para espiarla detrás de las ventanas a medio cerrar. Mil veces se lo han explicado y Alfonsina Storni nunca lo creyó. 
Sus versos mas difundidos protestan contra el hombre enjaulador. Cuando hace años llegó a Buenos Aires desde las provincias, Alfonsina traía unos viejos zapatos de tacones torcidos y en el vientre un hijo sin padre legal. En esta ciudad trabajo en lo que hubiera; y robaba formularios del telégrafo para escribir sus tristezas. Mientras pulía palabras, verso a verso, noche a noche, cruzaba los dedos y besaba las barajas que le anunciaban viajes, herencias y amores. El tiempo ha pasado, casi un cuarto de siglo; y nada le regalo la suerte. Pero peleando a brazo partido Alfonsina ha sido capaz de abrirse paso en el masculino mundo. Su cara de ratona traviesa nunca falta en las fotos que congregan a los escritores argentinos mas ilustres. 
Este año, en el verano supo que tenía cáncer.
 Desde entonces escribe poemas que hablan del abrazo del mar y de la casa que la espera allá en el fondo, en la avenida de las madréporas.

EDUARDO  GALEANO.