28.5.25

" Lucía."


 " Cuando Lucía Peláez era muy niña, leyó una novela a escondidas.

 La leyó a pedacitos, noche tras noche, ocultándola bajo la almohada.

 Ella la había robado de la biblioteca de cedro

 donde el tío guardaba sus libros preferidos.

 Mucho caminó Lucía después, mientras pasaban los años.

 En busca de fantasmas caminó por los farallones sobre el río Antioquía,

 y en busca de gente caminó por las calles de las ciudades violentas.

 Mucho caminó Lucía, y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada

 por los ecos de los ecos de aquellas lejanas voces que ella había escuchado, 

con sus ojos, en la infancia.

 Lucía no ha vuelto a leer ese libro. 

Ya no lo reconocería. 

Tanto lo ha crecido adentro que ahora es otro, ahora es suyo."


EDUARDO  GALEANO.

23.5.25

"Haroldo."

 Haroldo conoce como pocos este mundo del delta.

 Sabe cuáles son los buenos lugares para pescar y cuáles los atajos

 y los rincones ignorados de las islas;

 conoce el pulso de las mareas y las vidas de cada pescador y cada bote,

 los secretos de la comarca y de la gente.

 Sabe andar por el delta como sabe viajar, cuando escribe, por los túneles del tiempo.

 Vagabundea por los arroyos o anda días y noches

 por el río abierto, a la ventura, buscando aquel navío fantasma

 en que navegó allá en la infancia o en los sueños;

 y mientras persigue lo que perdió va escuchando voces y contando historias

 a los hombres que se le parecen. 

Triste, solo y manso, Haroldo vive al ritmo del río, que corre sin apuro.

 Cuando llega la violencia, le sube de a poco,

 como crece suavemente el agua,

 pero que se cuiden los hijos de puta: la corriente alzada arranca árboles y casas:

 lo he visto embestir y le conozco las furias (…).” 

Ahora no sabemos nada de él y yo ya no tengo cómo decirle que lo quiero y que nunca

 se lo dije por la vergüenza o la pereza que me daba.” 

EDUARDO GALEANO.

Revista Crisis Nº 40, Buenos Aires, Agosto de 1976. Disponible en http://www.revistacrisis.com.ar/IMG/ pdf/crisis40_agosto76.pdf

 Último acceso 17/9/15.  

19.5.25

" La casa de las palabras."

  " A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas.

 Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas 

y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban

 a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. 

Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces

 se relamían o fruncían la nariz. 

Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían,

 y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.

 En la casa de las palabras había una mesa de los colores.

 En grandes fuentes se ofrecían los colores

 y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol,

 azul de mar o de humo,

 rojo lacre, rojo sangre, rojo vino…"


EDUARDO  GALEANO.