3.10.18

" Prójimo."

- Guayasamín -

 “…Me parece admirable la capacidad que han tenido los indígenas de las Américas
 en perpetuar una memoria que fue quemada, castigada, ahorcada, despreciada durante cinco siglos.
 Y la humanidad entera tiene que estarle muy agradecida, porque gracias a esa porfiada memoria sabemos que la tierra puede ser sagrada, que somos parte de la naturaleza, que la naturaleza no termina en nosotros.
 Que hay posibilidades de organizar la vida colectiva, formas comunitarias que no están basadas en el dinero. 
Que la competencia contra el prójimo no es inevitable y que el prójimo puede ser algo mucho más que un competidor…”

EDUARDO GALEANO
 En: “La Jornada”.
 México, 30 de mayo de 2008.

29.9.18

" Cursos prácticos."

"No se puede prohibir, ni se puede negar 
El derecho a vivir, la razón de soñar... 
No se puede prohibir, el creer ni el crear, 
Ni la tierra excluir, ni la luna ocultar... 
No se puede prohibir, ni una pizca de amor, 
Ni se puede eludir que retoñe la flor... 
Ni del alma el vibrar, ni del pulso el latir, 
Ni la vida en su andar... No se puede prohibir. 

No se puede prohibir, la elección de pensar 
Ni se puede impedir, la tormenta en el mar... 

No se puede prohibir, el afán de cantar, 
Ni el deber de decir lo que no hay que callar..."
Eladia Blázquez


"El niño uruguayo Joaquín de Souza está aprendiendo a leer 
y practica con los carteles que ve.
 Y cree que la letra pe es la más importante, porque todo empieza con ella:
Prohibido entrar..
 Prohibido fumar ...
Prohibido escupir... 
Prohibido estacionar...
Prohibido fijar carteles...
 Prohibido arrojar basura... 
Prohibido encender fuego...
 Prohibido hacer ruido...
 Prohibido..."

EDUARDO GALEANO.
 De : " Bocas del tiempo."

" El progreso."


"De la noche a la mañana, ocurrió: unos palos con tres ojos brotaron en las esquinas de la calle principal.
 Nunca se había visto nada semejante en el pueblo de Quaraí, ni en toda esa región de la frontera.
De a caballo, venidos de lejos, acudían los curiosos.


 Ataban los caballos en las afueras, por no molestar el tránsito, y se sentaban a contemplar la novedad. 
Mate en mano, el termo bajo el brazo, esperaban la noche, porque en la noche las luces eran más luces,
 y daba gusto quedarse y mirar, como quien mira las estrellas naciendo en el cielo. 
Las luces se encendían y se apagaban, luz roja, amarilla, verde, siempre al mismo ritmo;
 pero aquellos hombres de campo, indiferentes al paso de los automóviles 
y de la gente, no se aburrían del espectáculo.
–El de aquella esquina es más lindo –aconsejaba uno.
–Este de aquí demora más –opinaba otro.
Que se sepa, ninguno preguntó para qué servían esos ojos mágicos,


 que parpadeaban sin cansarse nunca."

EDUARDO GALEANO