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9.5.23

El caballo

"Tarde tras tarde, Paulo Freire se colaba en el cine del barrio de Casa Forte, en Recife,
 y, sin pestañear, veía y volvía a ver las películas de Tom Mix. 
Las hazañas del cowboy de sombrero aludo, que rescataba a las damas indefensas 
de manos de los malvados, le resultaban bastante entretenidas, 
pero lo que a Paulo de veras le gustaba era el vuelo de su caballo. De tanto mirarlo y admirarlo, se hizo amigo; y el caballo de Tom Mix lo acompañó, desde entonces, toda la vida. 
Aquel caballo del color de la luz galopaba en su memoria y en sus sueños, sin cansarse nunca, mientras Paulo andaba por los caminos del mundo.
Paulo pasó años, añares, buscando esas películas de su infancia:
–¿Tom qué?
Nadie tenía la menor idea.
Hasta que por fin, a los setenta y cuatro años de su edad, encontró las películas en algún lugar de Nueva York. Y volvió a verlas. 
Fue algo de no creer: el caballo luminoso, su amigo de siempre, no se parecía nada, ni un poquito se parecía, al caballo de Tom Mix.
Paulo sufrió esta revelación a fines de 1995. Se sintió estafado. Cabizbajo, murmuraba:
–No tiene importancia.
Pero tenía.
En esas navidades, Nita, su mujer, le regaló una pelota. 
Paulo había recibido treinta y seis doctorados honoris causa de las universidades de muchos países, pero nunca en la vida nadie le había regalado una pelota de fútbol.
La pelota brillaba y volaba por los aires, casi tanto como el caballo perdido."

EDUARDO GALEANO.

30.11.20

" El hombre que enseñaba aprendiendo."



En el año 2009, el gobierno de Brasil pidió disculpas a Paulo Freire.
 Él no pudo agradecer el gesto, porque llevaba doce años de muerto.
Paulo había sido el profeta de una educación solidaria.
 En sus comienzos, daba clases bajo un árbol.
 Había alfabetizado a miles y miles de obreros del azúcar, en Pernambuco,
 para que fueran capaces de leer el mundo y ayudaran a cambiarlo.
La dictadura militar lo metió preso, lo echó del país y le prohibió el regreso.
En el exilio, Paulo anduvo mucho mundo.
 Cuanto más enseñaba, más aprendía.

Hoy, trescientas cuarenta escuelas brasileñas llevan su nombre. 

EDUARDO GALEANO.

De : " Los hijos de los días."