21.8.17

"Doctrina económica."


"En el mercado libre es natural la victoria del fuerte 
y legítima la aniquilación del débil.
 Así se eleva el racismo a la categoría de doctrina económica."

EDUARDO GALEANO.
De: " Ser como ellos"

" El héroe."

Cómo hubiera sido la guerra de Troya contada desde el punto de vista de un soldado anónimo; un griego de a pie ignorado por los dioses y deseado no más que por los buitres que sobrevuelan las batallas. Un campesino metido a guerrero, cantado por nadie por, por nadie esculpido. Un hombre cualquiera obligado a matar, y sin el menor interés de morir por los ojos de Elena.
¿Habría presentido ese soldado lo que Eurípides confirmó después? Que Elena nunca estuvo en Troya; que sólo su sombra estuvo allí.
Que diez años de matanzas ocurrieron por una túnica vacía.
Y si ese soldado sobrevivió, ¿qué recordó?
¡Quién sabe!
Quizás el olor. El olor del dolor y solamente eso.
Tres mil años después de la caída de Troya, los corresponsales de guerra Robert Frisck y Frank Sevilla nos cuentan que las guerras huelen.
Ellos han estado en varias, las han sufrido por dentro y conocen ese olor de podredumbre caliente, dulce, pegajoso que se te mete por todos los poros y se te instala en el cuerpo y es una náusea que jamás te abandonará”.
EDUARDO GALEANO
Del libro: "  Espejos."

18.8.17

Si se te pierde el alma en un descuido

-  Arte Huichol -
¿Qué hace esa india Huichola que ésta por parir? Ella recuerda. Recuerda intensamente la noche de amor de donde viene el niño que va a nacer. Piensa en eso con toda la fuerza de su memoria y su alegría. Así el cuerpo se abre, feliz de la felicidad que tuvo, y entonces nace el buen huichol, que será digno de aquel goce que lo hizo.
 Un buen huichol cuida su alma, su alumbrosa fuerza de vida, pero bien se sabe que el alma es más pequeña que una hormiga y más suave que un susurro, una cosa de nada, un airecito, y en cualquier descuido se puede perder.
 Un muchacho tropieza y rueda sierra abajo y el alma se desprende y cae en la rodada, atada como estaba nomás que por hilo de seda de araña. Entonces el joven huichol se aturde, se enferma. Balbuceando llama al guardián de los cantos sagrados, el sacerdote hechicero.
 ¿Qué busca ese viejo indio escarbando la sierra? Recorre el rastro por donde el enfermo anduvo. Sube, muy en silencio, por entre las rocas filosas, explorando los ramajes, hoja por hoja, y bajo las piedritas. 
¿Dónde se cayó la vida?
 ¿Dónde quedó asustada?
 Marcha lento y con los oídos muy abiertos, porque las almas perdidas lloran y a veces silban como brisa.
 Cuando encuentra el alma errante, el sacerdote hechicero la levanta en la punta de una pluma, la envuelve en un minúsculo copo de algodón y dentro de una cañita hueca la lleva de vuelta a su dueño, que no morirá.

Eduardo Galeano
 - Memoria del Fuego-