9.10.15

"Ventana sobre la memoria."

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"Cinco siglos de prohibición del arco iris de color en el cielo americano".

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"El 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. 
Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. 

En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. 
Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado.
Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente.
 Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser.

Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. 
Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. 
Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible.
América, ciega de racismo, no las ve."
Eduardo Galeano

"La Memoria de América".


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"Las técnicas arcaicas, en manos de las comunidades, habían hecho fértiles los desiertos en la cordillera de los Andes.
 Las tecnologías modernas, en manos del latifundio privado de exportación, están convirtiendo en desiertos las tierras fértiles en los Andes y en todas partes.
Resultaría absurdo retroceder cinco siglos en las técnicas de producción; pero no menos absurdo es ignorar las catástrofes de un sistema que exprime al hombre y arrasa los bosques y viola la tierra y envenena los ríos para arrancar la mayor ganancia en el plazo menor.
 ¿No es absurdo sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del mercado internacional? En ese absurdo vivimos; y lo aceptamos como si fuera nuestro único destino posible.
Las llamadas culturas primitivas resultan todavía peligrosas porque no han perdido el sentido común.
 Sentido común es también, por extensión natural, sentido comunitario.
 Si pertenece a todos el aire, ¿por qué ha de tener dueño la tierra?
 Si desde la tierra venimos, y hacia la tierra vamos, ¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete?
 La tierra es cuna y sepultura, madre y compañera.
 Se le ofrece el primer trago y el primer bocado; se le da descanso, se la protege de la erosión. El sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer.
 El racismo es también una máscara del miedo.
¿Qué sabemos de las culturas indígenas? Lo que nos han contado las películas del Far West.
 Y de las culturas africanas, ¿qué sabemos? Lo que nos ha contado el profesor Tarzán, que nunca estuvo.

Dice un poeta del interior de Bahía:

 Primero me robaron del África.
 Después robaron el África de mi.
 La memoria de América ha sido mutilada por el racismo. "

Eduardo Galeano

8.10.15

"El nacedor."

Ernesto Che Guevara

Una planta que siempre crece, no importa si al sol o a la sombra.
 El nacedor ¿Por qué será que el Che tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo?
 Cuanto más lo insultan, lo traicionan, más nace.
 Él es el más nacedor de todos. 
¿No será porque el Che decía lo que pensaba, y hacía lo que decía?
 ¿No será que por 
éso sigue siendo tan extraordinario, en un mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen? 
Hay plantas, como el cacao, que crecen al sol, cuando hay, y si no hay crecen a la sombra.
 Escuché decir que no necesitan sol porque lo llevan dentro.
El Che era una de esas plantas, y por éso sigue siendo.
 Desde  la primera vez que lo vi, en Punta del Este, hace añares, recuerdo aquel esplendor.
 Supongo, no sé, que era luz nacida de la fe.
 Y que no era fe en los dioses sino en nosotros, los humanitos, y en la terrestre energía capaz de hacer que mañana no sea otro nombre de hoy.
Eduardo Galeano

"Lo enterraron vivo en un aljibe"

Ha de ser un nervio la ternura. Un nervio que se rompe y no se puede coser. Pocos hombres conocí que hubieran atravesado las pruebas del dolor y la violencia, rara hazaña, con la ternura invicta.
Raúl Sendic fue uno de esos hombres.
Me pregunto, ahora, qué habrá quedado de él.
Lo recuerdo con su sonrisa de bebé en la cara tosca, cara de barro, preguntándome entre dientes:
-¿Tenés una yilé?
Raúl acababa de comprarse un traje, en la tienducha de un turco que vendía ropa usada, en la Ciudad Vieja, y se sentía de lo más elegante metido en aquella bolsa de sarga marrón con rayas al tono. Pero el traje no tenía el bolsillo chiquito del pantalón, tan necesario para las monedas. Así que él se hizo el bolsillo con una yilé y unos ganchitos.
Yo tenía catorce años y era el dibujante de El Sol, el semanario socialista. Me habían dado una mesa, en el local del Partido, y ahí tenía yilé, tinta china, tempera y pinceles. Cada semana había que hacer una caricatura política. Los mejores chistes se le ocurrían a Raúl, y le salían chispas de los ojos cuando se acercaba a regalármelos.
Algunas noches nos íbamos juntos, después de las reuniones de la Juventud Socialista.
Vivíamos cerca. Él se bajaba en la calle Duilio y yo seguía un par de cuadras más allá. Raúl dormía en el balcón. No soportaba un techo encima.
Varias veces me pregunté, años después, cómo habrá hecho Raúl para no enloquecerse el largo tiempo que pasó enterrado en los aljibes. De cuartel en cuartel, lo han tenido en el fondo de la tierra, con una tapa encima, y le bajaban el agua y el pan por una cuerda, para que no viera jamás el sol ni hablara con nadie.
No me lo puedo imaginar en esas tinieblas. A Raúl yo lo veo a la intemperie, en medio del campo, sentado sobre un cráneo de vaca que venía a ser el sillón de su estudio jurídico. Los obreros de los cañaverales, que lo llamaban El Justiciero, escucharon de sus labios y entendieron, por primera vez, palabras como: derechos, sindicato, reforma agraria.
Cierro los ojos y vuelvo a ver a Raúl ante un fogón, en las costas del río Uruguay. Él me arrima una brasa a los labios porque otra vez se me apagó, ciudadano chambón, el cigarro de chala y naco picado.

Eduardo Galeano