6.1.18

" El Hijo. "


"Nadie sabe cómo: Yahvé, el único dios que nunca hizo el amor, fue padre de un hijo.
Según los evangelios, el hijo llegó al mundo cuando Herodes reinaba en Galilea. Como Herodes murió cuatro años antes del comienzo de la era cristiana, Jesús ha de haber nacido por lo menos cuatro años antes de Cristo.
En qué año, no se sabe.
 Tampoco el día, ni el mes.
 Jesús ya había pasado casi cuatro siglos sin cumpleaños cuando san Gregorio Nacianceno le otorgó, en el año 379, certificado de nacimiento. Jesús había nacido un 25 de diciembre.
 Así, la Iglesia Católica hizo suyo, una vez más, el prestigio de las idolatrías. Según la tradición pagana, ése era el día en que el sagrado sol iniciaba su camino contra la noche, a través de las tinieblas del invierno.
Haya ocurrido cuando haya ocurrido, seguramente no se festejó aquella primera noche de paz, noche de amor, con esa cohetería de guerra que ahora nos deja sordos.
 Seguramente no hubo estampitas mostrando al bebé de rulitos rubios que aquel recién nacido no era; como no eran tres, ni eran reyes, ni eran magos, los tres reyes magos que iban camino al pesebre de Belén, tras una estrella viajera que nadie vio nunca. 
Y seguramente, también, aquella primera Navidad, que tan malas noticias traía para los mercaderes del templo, no fue ni quiso ser una promesa de ventas espectaculares para los mercaderes del mundo."

Eduardo  Galeano

Nazim Hikmet .

Enero
6
"En el año 2009, Turquía devolvió la nacionalidad negada a Nazim Hikmet y reconoció por fin que era turco su poeta más amado y más odiado.
Él no pudo enterarse de esta buena noticia: había muerto hacía medio siglo en el exilio, donde había pasado la mayor parte de su vida.
Su tierra lo esperaba, pero sus libros estaban prohibidos, y él también. El desterrado quería volver:
Todavía me quedan cosas por hacer.
Me reuní con las estrellas, pero no pude contarlas.
Saqué agua del pozo, pero no pude ofrecerla.
Nunca volvió."
Eduardo Galeano.
De: " Los hijos de los días."

5.1.18

" La memoria andante."


"Enero 3.
En el tercer día del año 47 antes de Cristo, ardió la biblioteca más famosa de la antigüedad.
Las legiones romanas invadieron Egipto, y durante una de las batallas de Julio César contra el hermano de Cleopatra, el fuego devoró la mayor parte de los miles y miles de rollos de papiro de la Biblioteca de Alejandría.
 Un par de milenios después, las legiones norteamericanas invadieron Irak, y durante la cruzada de George W. Bush contra el enemigo que él mismo había inventado 
se hizo ceniza la mayor parte de los miles y miles de libros de la Biblioteca de Bagdad.
 En toda la historia de la humanidad, hubo un solo refugio de libros a prueba de guerras y de incendios: la biblioteca andante fue una idea que se le ocurrió al Gran Visir de Persia, Abdul Kassem Ismael, a fines del siglo diez. 
Hombre prevenido, este incansable viajero llevaba su biblioteca consigo. 
Cuatrocientos camellos cargaban ciento diecisiete mil libros, en una caravana de dos kilómetros de largo.
 Los camellos también servían de catálogo de obras: cada grupo de camellos llevaba los títulos que comenzaban con una de las treinta y dos letras del alfabeto persa."

Eduardo Galeano.
De: " Los hijos de los días"

" Del fuego al fuego".


" Del fuego al fuego .
El 2 de enero de 1492 cayó Granada, y con ella cayó la España musulmana.
 Victoria de la Santa Inquisición: Granada había sido el último reino español donde las mezquitas, las iglesias y las sinagogas podían ser buenas vecinas.
 En el mismo año comenzó la conquista de América, cuando América era un misterio sin nombre todavía.
 Y en los años siguientes, en hogueras distantes, el mismo fuego quemó los libros musulmanes, los libros hebreos y los libros indígenas.
 El fuego era el destino de las palabras que en el Infierno nacían.

EDUARDO  GALEANO.
De: " Los hijos de los días".

4.1.18

" El tigre azul y otros artículos"

Categorías: ARTÍCULO
El tigre azul y otros artículos, del inolvidable escritor uruguayo Eduardo Galeano 
(1940-2015),
 no debiera circunscribirse tan sólo a una compilación de sus artículos publicados
 entre 1976 y 1990, dedicados a la “América Nuestra”
 –y que van desde la criminal campaña de la conquista y colonización hispana
 en nuestras tierras, hasta temas donde aborda su literatura, historia y cultura
 en general y otros más contemporáneos–
 sino también a su representatividad como mensaje latinoamericanista
 de unidad y solidaridad.
Inspirada en una leyenda guaraní, El tigre azul anuncia
 que “el mundo debe renacer cuando ese tigre, 
que duerme debajo de la hamaca del Padre Primero,
 se desate y rompa este universo para que otro nuevo
 retoñe de sus cenizas”, 
además de rememorar aquel párrafo de nuestro Héroe Nacional 
José Martí en su ensayo Nuestra América, cuando afirmaba:
“(…) La colonia viviendo en la república; y nuestra América 
se está salvando de sus grandes yerros
 por la virtud superior, abonada con sangre 
necesaria de la república que lucha contra la colonia”.
 ¿De qué forma enfoca y trasciende su discurso escritural
–en ocasiones, con altos ingredientes de ironía y de fino humor–,
 literario, histórico, político (y hasta poético) ese escritor uruguayo, 
de pensamiento “de extraordinaria valía”, 
de espíritu integrador y transformador de la realidad
 latinoamericana actual y de un mundo que,
 como bien dijese, “está patas arriba”?
 Analicemos algunos párrafos de esta excelente obra.
La cultura popular reside en las tradiciones típicas: “(…) 
Desde el punto de vista de la ideología dominante,
 el folclor es una cosa simpática y menor, pero la simpatía
 paternalista se desenmascara y revela su puro
 y simple desprecio cuando la “artesanía” invade
 el sacro espacio del “arte”. 
Las divisas que el turismo deja sobran para pagar
 cualquier impuesto a la mala conciencia.
 Una memoria embalsamada e identidad de cartón decoran
 y a nadie ofenden (…).
 ¿Pero por qué el Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas,
 continúa vivo más allá de las bibliotecas de los historiadores
 y antropólogos?
 Construida a lo largo de los tiempos antiguos por el pueblo maya-quiché, 
esta gran obra anónima y colectiva
 no solamente sigue siendo una de las cumbres literarias
 de América Latina; 
para la gran mayoría indígena de la sociedad guatemalteca 
es también una herramienta hermosa y de buen filo,
 porque los mitos que contiene siguen vivos en la memoria
 y en la boca del pueblo que los creó.
 Al cabo de cuatro siglos y medio de humillación, 
ese pueblo sigue sufriendo una vida de bestia de carga.
 Los mitos sagrados, que anuncian el tiempo de la pelea
 y el castigo de los soberbios y los codiciosos,
 recuerdan a los indios de Guatemala que son personas
 y que tienen una historia mucho más larga
 que la sociedad que los usa y los desprecia,
 y es por eso que nacen de nuevo cada día”.
La literatura política trata temas políticos;
 la literatura social, temas sociales: “(…) 
Pero, ¿acaso existe alguna obra literaria que no sea política y social?
 Sociales son todas, porque pertenecen a la sociedad humana;
 y políticas también son todas,
en la medida en que la palabra impresa implica siempre
 –lo quiera o no su autor, lo sepa o no–, 
una participación en la vida política”.
Acerca del exilio, entre la nostalgia y la creación:
 “(…) Crisis de identidad, angustias del desarraigo,
 fantasmas que acosan, que acusan: 
el exilio plantea dudas y problemas que no necesariamente
 conoce quien vive lejos por elección.
 El desterrado no puede volver al propio país
 o al país elegido como propio.
 Cuando uno es arrojado a tierras extranjeras,
 queda muy a la intemperie el alma 
y se pierden los habituales marcos de referencia y amparo.
 La distancia crece cuando es inevitable”.
Por cultura se entiende la producción
 y el consumo de libros y otras obras de arte: 
“(…) En la mayoría de las veces, esta definición no osa 
decirse; pero implícita existe por todas partes. 
Se queda, creo, muy corta.
 En primer lugar, porque excluye a la ciencia,
 todo el inmenso espacio del conocimiento científico
 que integra la cultura y que es sistemáticamente negado 
por los intelectuales consagrados a las artes.
 Además, porque reduce la cultura a términos de industria,
 una industria de artículos de lujo,
 ignorando a la llamada cultura de masas
 que es la industria cultural por excelencia, 
internacionalmente montada para la captura
 de los mercados masivos.
 Y por último, pero no menos importante:
 esta definición de la cultura hace de cuenta que no existen
 las expresiones espontáneas y valiosas de la cultura popular”.
¿A qué convoca en El tigre azul… este inolvidable escritor,
 quien estuviese profundamente comprometido con la causa
 revolucionaria latinoamericana
 y, por ende, con sus raíces culturales y empeños
 políticos por el logro de sociedades más justas y humanas?
Confiesa en ella que el acto de escribir lo asume realmente
 “para la gente con cuya suerte o mala suerte,
 uno se siente identificado,
 los malcomidos,
 los maldormidos,
 los rebeldes 
y los humillados de esta tierra,
 y la mayoría de ellos no saben leer”,
 y contra una industria restrictiva y dependiente
 de un gran patrón (norteño), dirigidas por políticos tradicionales,
 “expertos en las artes de la seducción y la estafa”,
 expertos también en la manipulación de mentes
 a través de medios de comunicación proclives a los intereses
 y ambiciones de minorías y a la fabricación de quimeras para las mayorías.
Numerosas alertas nos hace; alertas siempre latentes,
 como esta que goza de absoluta lucidez
 para la historia socio-cultural de cualquier país: “(…) 
Las clases y los países dominantes recurren a la maquinaria represiva.
 ¿De qué otra manera podría sobrevivir sin cambios
 un sistema social cada vez más parecido a un campo de concentración? 
(…) Quienes queremos trabajar por una literatura que ayude
 a revelar la voz de los que no la tienen,
 ¿cómo podemos actuar sobre esta realidad?
 Las nuestras son repúblicas del silencio.
 La pequeña libertad del escritor,
 ¿no es a veces la prueba de su fracaso?
 ¿Hasta dónde y hasta quiénes podemos llegar?”.
Estas, entre otras muchas, son algunas de las interrogantes 
que realiza Galeano en este título.
 Interrogantes abarcadores que continúan gravitando
 en la realidad creativa de infinidad de escritores y artistas
 del contexto latinoamericano y caribeño,
 y que continuarán emergiendo como aspiración concreta
 por el logro de la unidad de la América bolivariana y martiana.

" Continuidad del camino.


"Cuando alguien muere. Cuando su tiempo acaba.
 ¿Mueren también los andares,
 los deseares,
 los decires que se llamaron con su nombre en el mundo?"

EDUARDO GALEANO

" El diablo es indio."

- Cerro Rico - Potosí -

"La Historia que pudo ser no fue la historia  que fue.
En la que fue, en la historia de " a de veras", los conquistadores entraron en América y pudieron confirmar que Satán, expulsado de Europa, había encontrado refugio en las islas y las costas de América, besadas por su boca llameante.
Aquí en América habitaban seres bestiales, que llamaban "juego" al pecado carnal y lo practicaban sin horario ni contrato, y que ignoraban los diez mandamientos  y los siete pecados capitales y andaban en cueros y hasta tenían la costumbre de comerse entre sí.
La conquista de América fue una larga y dura tarea de exorcismo.
 Tan arraigado estaba el maligno en estas tierras, que cuando parecía que los indios estaban venerando a la virgen, en realidad veneraban a la serpiente aplastada bajo sus pies.
 Y cuando adoraban la cruz, estaban en realidad celebrando el encuentro de la lluvia con la tierra.
 Los conquistadores cumplieron la misión de devolver a Dios, el oro, la plata y las muchas otras riquezas que el diablo había usurpado.
 No fue fácil recuperar el botín.
Menos mal que, que a veces recibían alguna ayudita desde las alturas.
Una vez, el señor de los infiernos preparó una emboscada, en el desfiladero que conducía al cerro rico de Potosí, para impedir el paso de los conquistadores.
 Y desde el cielo bajó un arcángel, que le propinó tremenda paliza."

Eduardo  Galeano

Enero - 1 -


"No es el primer día del año para los mayas, los judíos, los árabes, los chinos
 y otros muchos habitantes de este mundo.
La fecha fue inventada por Roma, la Roma imperial y bendecida por la Roma vaticana,
y resulta más bien exagerado decir que la humanidad entera celebra
 este cruce de la frontera de los años.
Pero eso sí, hay que reconocerlo: el tiempo es bastante amable con nosotros,
 sus fugaces pasajeros, y nos da permiso para creer que hoy puede ser
 el primero de los días,
 y para querer que sea alegre como los colores de una verdulería."

Eduardo Galeano