8.2.17

" Marías."


En los evangelios, María aparece poco.
La Iglesia tampoco le prestó mayor atención, hasta hace cosa de mil años.
 Entonces la madre de Jesús fue consagrada madre de la humanidad
 y símbolo de la pureza de la fe.
 En el siglo once, mientras la Iglesia inventaba el Purgatorio y la confesión obligatoria,
 brotaron en Francia ochenta iglesias y catedrales en homenaje a María.
El prestigio provenía de la virginidad.
 María, alimentada por los ángeles, embarazada por una paloma,
 jamás había sido tocada por mano de hombre. 
El marido, san José, la saludaba de lejos.
 Y más sagrada fue a partir de 1854, cuando el papa Pío IX, el infalible,
 reveló que María había sido sin pecado concebida, lo que traducido significaba
 que también era virgen la mamá de la Virgen.
María es, hoy por hoy, la divinidad más adorada y milagrera del mundo.
 Eva había condenado a las mujeres.
 María las redime.
 Gracias a ella, las pecadoras, hijas de Eva, tienen la oportunidad de arrepentirse.
Y eso fue lo que pasó con la otra María,
 la que figura en las estampitas, al pie de la santa cruz, junto a la inmaculada.
Según la tradición, esa otra María, María Magdalena, era puta y se hizo santa.
Los creyentes la humillaron perdonándola.

Eduardo Galeano

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