13.8.17

Los indios/3.


JEAN-MARIE Simon lo supo en Guatemala.
 Ocurrió a fines de 1983, en una aldea llamada Tabil,
 en el sur M Quiché.
Los militares venían cumpliendo su campañ
de aniquilación de las comunidades indígenas.
 Habían borrado del mapa a cuatrocientas aldeas
 en menos de tres años.
 Quemaban plantíos, mataban indios: quemaban hasta la raíz,
 mataban hasta los niños.
 Vamos a dejarlos sin semilla, anunciaba el coronel
 Horacio Maldonado Shadd.
Y así llegaron, una tarde, a la aldea de Tabil.
Venían arrastrando cinco prisioneros, atados de pies y manos
 y desfigurados por los golpes.
 Los cinco eran de la aldea, allí nacidos,
 allí vividos,
 allí multiplicados,
 pero el oficial dijo que esos eran cubanos enemigos de la patria:
 la comunidad debía resolver qué castigo merecían,
 y ejecutar el castigo.
 Por si resolvían fusilarlos, les dejaba las armas ya cargadas.
 Y dijo que les daba plazo hasta el día siguiente al mediodía.
 En asamblea, los indios discutieron: 


 Si no los matamos, los soldados nos matan.
La noche entera pasaron discutiendo.
 Los prisioneros, en el centro de la reunión, escuchaban.
Llegó el amanecer y todos estaban como al principio.
 No habían llegado a ninguna decisión
 y se sentían cada vez más confusos.
Entonces pidieron ayuda a los dioses:
 a los dioses mayas, y al dios de los cristianos.
En vano esperaron la respuesta.
 Ningún dios dijo nada.
 Todos los dioses estaban mudos.
Mientras tanto, los soldados esperaban,
 en algún monte de los alrededores.
La gente de Tabil veía cómo el sol
 se iba alzando, implacable, hacia lo alto del cielo.
 Los prisioneros, de pie, callaban.
Poco antes del mediodía, los soldados escucharon los balazos.

 Eduardo Galeano.

De: " El libro de los abrazos."

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