6.5.26

La casa de las palabras por Joan Manuel Serrat.

“Recordar: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.” Así, con esta definición, abre Eduardo Galeano El libro de  los abrazos, para mí la más entrañable de sus obras, pues fue a partir de algunos de los textos  de este libro que colaboramos por primera y única  vez en un par de canciones: “La mala racha”  y “Secreta  mujer”. Las historias, imágenes y abrazos que discurren por sus páginas pasaron muchas veces por  mi corazón, de modo que no es extraño que, en este pequeño ejercicio de memoria alrededor del amigo, los recuerdos en desorden acudan a la cita y, hablando de él, sin querer esté también hablando de mí.

La última vez que nos vimos fue a finales de febrero, apenas mes y medio antes  de su muerte, la tarde que, como  cada vez que llegaba a Montevideo, fui a visitarle a su casa de la calle Dalmiro Costa.

Parado frente a la verja, mientras esperaba que  me abrieran, se me vino a la cabeza  la imagen del Morgan saliendo a mi encuentro, meneando su larga y lanuda cola,  precediendo a su propietario  y compañero. El Morgan, aquel setter hermoso y dulce con el que Helena y Eduardo paseaban los atardeceres de  las playas de Malvin y al que, como  un  mal  presagio, también consumió el dragón del mal.

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